Tiempos modernos


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Mientras su madre hacía pilates en el gimnasio, Caperucita enviaba whatssaps acomodada en el sofá.

El cazador pasaba por delante e la ventana y la vio.

Cagondiós, ¡como hemos de vernos! —se quejó en voz alta, minetras se agachaba para recoger la caca, delicadamente, con un papel.

La abuela, que salía de su Volkswagen e iba a abrir la puerta de la casa, le oyó.

—Ni que lo digas, Ramon. Mírame a mí. Antes la cesta me la traían a casa y ahora soy yo la le llevo la comida a ellas porque no saben cocinar ni saben hacer nada. ¡Ay! ¡Los viejos tiempos eran  mejores!

—¡Adónde iremosa  a parar!—seguia rezongando Ramón, metiendo la caca en uno de los contenedores que había en el parque que había sido bosque.

—¡Amos, anda! —dijo tirando de la correa.

El lobo obedeció el tirón y lo siguió. Nadié se fijó que, por encima del bozal, le caían las lágrimas.

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